Escuelas sin niñas o niños… una realidad desoladora

Una larga fila rodea la escuela Complejo Escolar Para La Paz №2 “25 DE JUNIO” de la zona 5 de la Ciudad de Guatemala. La conforman los padres de familia que esperan la apertura de las puertas del centro educativo. Todos con mascarillas puestas, hablando entre sí, guardan la distancia sugerida de seguridad. Conocen el protocolo, es la segunda vez que son citados a la escuela.

Como lo establece el programa, a las 8 a.m., los encargados les dan acceso y adentro, muy ordenadamente, forman nuevas filas, mas pequeñas, organizadas por grados. Cada persona ocupa un espacio dentro de un círculo, señalado por un cono anaranjado ubicado a dos metros uno del otro.

Decenas de personas ocupan las canchas deportivas, ningún niño entre ellas. Los numerosos dibujos y los mensajes de bienvenida colgados en las paredes de las aulas, aun campean encima de pupitres, sillas y escritorios vacíos. En cada aula, la ausencia de las voces y risas de las niñas y los niños aumenta la desolación de la escuela.

Después de unos minutos, una maestra les atiende. Con el documento de identidad a la mano firman los listados de registro correspondiente a sus hijos, intercambian bromas y sonrisas invisibles a causa de la mascarilla que ahora deben usan obligatoriamente y reciben varios insumos.

Escenas parecidas se repiten el día después en la Escuela Oficial Rural Mixta (EORM) №77 en la aldea Los Mixcos de Palencia y en centenares de otras escuelas del país.

A raíz de la declaración del “Estado de Calamidad” a nivel nacional a causa de la presencia de casos de Covid-19 en Guatemala, desde el 15 de marzo las clases fueron suspendidas de manera generalizada para todos los niveles y en todos los centros educativos del país.

Repentinamente los alumnos dejaron de asistir a clases y, junto a sus familias debieron enfrentar una nueva realidad, cómo continuar aprendiendo desde el hogar. Una semana le tomó al Ministerio de Educación (MINEDUC) adaptarse al cambio y estudiar alternativas para que la actividad educativa no se detuviera, diseñando una diversidad de alternativas para que los niños y niñas siguieran aprendiendo.

Gracias al apoyo de Unicef, a nivel nacional ha sido también posible la entrega de alimentos no perecederos a más de 2.4 millones de niños de Preprimaria y Primaria como alternativa a la refacción escolar, así como de la producción de sesiones educativas para ser transmitidas por televisión y radio nacional y la reproducción de guías de aprendizaje y lineamientos educativos para responder a la adecuación curricular planteada en el marco de la emergencia del COVID-19.

Jorge Francisco Daniel Bran Cifuentes, de 41 años, director de la Escuela Oficial Rural Mixta №77 de Palencia, un municipio ubicado a un poco más de 30 kilómetros del centro de la ciudad capital reconoce la importancia de la Organización de Padres de Familia (OPF) para lograr la entrega de las bolsas de alimentos: “Sin ellos hubiera sido imposible coordinar estas actividades, tanto a nivel administrativo como organizativo. Sobre todos en una realidad como la nuestra, rural, donde mucha gente no tiene acceso a teléfonos inteligentes, los padres de familia han sido fundamentales para que la información corriera de casa en casa”.

Las OPFs son organizaciones conformadas por madres y padres de familia, que participan voluntariamente, para apoyar la labor de la escuela. Es a través de esta figura que el Ministerio de Educación, con apoyo de UNICEF, traslada recursos para que los niños y niñas puedan continuar recibiendo la alimentación escolar (Q4.00 aproximadamente $0.50, por estudiante inscritos en establecimientos públicos).

Doña Tomasa recibe la bolsa de manos de la directora del establecimiento de la Zona 5, Myrna Patricia Orellana, de 60 años, y mira el contenido a través del saco trasparente. Myrna no pierde tiempo y aprovecha para verificar que no falte nada. Siguiendo el listado expuesto al público y, dirigiéndose a todos los padres, desglosa los artículos (arroz, frijol, azúcar, pasta, harina de maíz…) e invita a todos a prestar atención.

“Recién remodelamos la cocina, da lástima que no esté funcionando, nos hacen falta los niños”, lamenta Myrna, “pero reconocemos la importancia de la buena alimentación para los estudiantes y, sobre todo en este momento tan duro económicamente para las familias, las bolsas de alimentos que estamos entregando son de mucha ayuda. Son productos para 15 días, tres semanas escolares”.

Antes de despedir a los padres de familia dándoles las “Guías de Autoaprendizaje”, cada maestra encargada de las entregas enfatiza la importancia de un folleto en particular. Son las “10 Reglas de Oro para Prevenir el Coronavirus”. Efectivamente en esta época, las prácticas de higiene y los hábitos de comportamiento social se volvieron un aprendizaje importante y urgente.

“Así como nosotros, en la escuela, estamos aplicando y respetando los protocolos sanitarios recomendados por el Ministerio de Salud, es importante trasladar estos conocimientos a los padres para que los practiquen en la familia, remarca Myrna.

Con la esperanza de volver a clases pronto, se ha creado una nueva sinergia entre todos los actores del sector educativo para seguir haciendo frente a una emergencia inesperada.

Para cada niño, educación.

UNICEF trabaja para salvar la vida de las niñas, niños y adolescentes en Guatemala. Para defender y garantizar el cumplimento de sus derechos.

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