Mírame: Soy indígena y también soy Guatemala
Niñez indígena

Guatemala goza de una inmensa diversidad cultural. En su territorio conviven 4 Pueblos: Mestizo, Maya, Garífuna y Xinka. Esta multiculturalidad deja su huella en la forma de percibir la vida, desde las costumbres, la gastronomía, la forma de vestir, hablar y la relación con el medio natural y la comunidad.
María Marcos, de 14 años años, de la etnia Ixil, cursa primero básico y cuenta con el apoyo de sus padres para seguir adelante. “Me gusta leer. Quiero ser maestra para enseñar a los niños. Me gusta mi cultura y el lugar donde vivo, es muy lindo. También me gustaría viajar, conocer otros países y gente distinta”.

El idioma oficial es el español, sin embargo, existen otros veintitrés idiomas indígenas que forman parte de una rica cultura. Estos idiomas se hablan principalmente en las zonas rurales. El Estado reconoce, promueve y respeta los idiomas de los pueblos Mayas, Garífuna y Xinka.
Maritza Cholotij, de 12 años, pertenece a la etnia Tzutujil, vive en San Juan La Laguna, Sololá. Dice que son una familia unida donde todos se apoyan, la que está compuesta por su papá, mamá y tres hermanas. “Me siento feliz porque mis papás y hermanas siempre me han apoyado, en las buenas y las malas. Quiero graduarme de psicóloga, ayudar a personas con problemas. Otro de mis sueños es viajar y conocer diferentes países y sus culturas.”

Maritza comenta que un sueño importante es transformarse en una gran basquetbolista y llegar a jugar en la NBA (Asociación Nacional de Basketball de los Estados Unidos).
En Guatemala hay 7 millones de niñas, niños y adolescentes menores de 17 años. De ellos aproximadamente 3 millones se auto identifican como indígenas. La mayoría vive en condiciones de desventaja.
Las desigualdades en la niñez indígena son recurrentes durante todo su ciclo de vida y en todos los ámbitos, incluso desde antes de nacer.
Ocho de cada diez niñas, niños y adolescentes indígenas viven en situación de pobreza. Otro reflejo de desigualdad es la desnutrición crónica que afecta al 60% de la niñez indígena menor de cinco años, en comparación con el 35% que afecta a la población mestiza. Las tasas de escolaridad en todos los niveles son siempre inferiores. De cada diez niñas y adolescentes indígenas, sólo seis terminan la primaria, dos la secundaria y una accede a la universidad. Estas desigualdades se profundizan frente a la baja inversión que realiza el Estado, ya que por cada niño, niña y adolescente se invierte diariamente $1.00 para cumplir todos sus derechos.
Carmen Mendoza Culum, de 9 años, también de la etnia Tzutujil, vive con sus padres y cinco hermanos. Por las mañanas ayuda a limpiar en su casa, tortear y también se va a pescar con sus hermanos para que su mamá tenga algo que preparar en la cena. Por las tardes va a la escuela. Actualmente cursa tercero primaria de una escuela de la comunidad. Dice que le gusta mucho ir a estudiar, que su escuela es un lugar muy bonito y su actividad favorita es leer. Sobre sus sueños, Carmen comenta: “Quiero ser monja en la capital para estar cerca de Dios y poder acompañar a mi hermana que vive ahí, ya que la extraño mucho, ella también es monja.” Carmen dice que a pesar de las dificultades en su casa, ella se siente una niña feliz.

Ante esta situación, UNICEF aboga por hacer una profunda transformación del Estado para atacar las causas estructurales que impiden a las niñas, niños y adolescentes indígenas ejercer plenamente sus derechos, en igualdad de condiciones.
A pesar de estas desventajas, las niñas y adolescentes indígenas, no dejan de soñar y tener esperanza.