©UNICEF Guatemala/Rodrigo Mussap

Entre el 15 y 16 de enero de 2020 ingresaron a Guatemala aproximadamente 3,500 personas provenientes de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Cuba. De éstas se estima que el 36% eran integradas por unidades familiares, niñas, niños y adolescentes no acompañados.

Lucía* de 33 años de edad decidió dejar su hogar y su negocio propio de estilista, escapando de la violencia desmedida que afecta a Honduras, junto a su hija de 11 años y su hijo 17.

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“Por ocho años tuve mi propio salón, pero la colonia donde vivimos es muy peligrosa, están los mareros que piden el impuesto de renta y a mi hijo como lo ven grandote lo querían reclutar para trabajar con ellos… pero mi hijo no es callejero y no quería, entonces me asaltaron el salón y dejaron una nota donde decían que si alertaba iba a salir perjudicada mi familia. Eso no lo podía permitir…” comenta Lucía con ojos llorosos.

Ella y sus hijos buscan llegar a EE.UU. por segunda vez, ya que fueron deportados de México en octubre de 2018. En esa ocasión fueron rodeados por policías que les dispararon gases lacrimógenos lastimando a Lucía en el pecho, dejándola inconsciente y provocando una crisis asmática en su hijo.

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Las mujeres niñas y niños requieren conocer sus derechos y con quién acudir en caso de violencia física, sexual o se está en riesgo de trata de personas, ya que por su condición de migrantes están más vulnerables.

Esta vez Lucía y sus hijos llevan la esperanza de lograr llegar a su destino luchando contra el hambre, el frío y el riesgo de ser secuestrados por parte del crimen organizado o alguna red de trata de personas.

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Andrea*, de 20 años, junto a su bebé Matías* de 9 meses, decidió arriesgarse a viajar en camiones de carga comercial con desconocidos y otros vehículos que les ofrecían “jalón”.

Salieron desde diciembre 2019 de Honduras con la esperanza de llegar hasta EE.UU. en busca de un mejor futuro.

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Cruzaron la frontera entre Guatemala y México, donde fueron arrestados a las pocas horas y retenidos por dos semanas en un centro de detención hasta su deportación bajo el acuerdo ACA (Acuerdo de Cooperación de Asilo), lo que les llevó de vuelta a la Ciudad de Guatemala.

Las mujeres, niñas y niños requieren medidas de privacidad y seguridad adicionales, en especial cuando caminan por la noche.

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“Nosotros agarramos viaje porque en el país gana más la delincuencia, que esta unida de la mano de la política, entonces no hay oportunidades de trabajo”. Comentó Andrea sobre los motivos por los que decidió emprender el viaje.

Tras ser deportados, llegaron a Casa del Migrante en la Ciudad de Guatemala, centro apoyado por UNICEF, donde Andrea y Matías reciben alimentos y un lugar donde pasar la noche y bañarse.

Ahora buscan cómo regresar a Honduras ya que ahí está su mamá, quien la ayuda con el cuidado de Matías mientras ella intenta buscar empleo.

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Cristina* de 14 años y de nacionalidad salvadoreña, sueña con ser bailarina. Es una niña inteligente y extrovertida que sufrió junto a su madre Isabel*, un viaje de 56 días para intentar llegar a EE.UU.

Lograron cruzar el Río Grande en la frontera Miguel Alemán en Monterrey, donde se escondieron a las afueras de la ciudad de North Escobares, Texas, por 5 horas durante la noche, antes de ser arrestadas y deportadas a Guatemala bajo el acuerdo ACA.

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Cristina recuerda esos difíciles momentos y comenta:

“El que nos dejó botadas (el coyote) nos dio instrucciones pero hablaba muy rápido y había dos caminos uno muy oscuro y otro más iluminado, como estábamos solas en la nada y nos podían hacer algo, nos devolvimos hacia el camino más iluminado. Después nos dijeron que por el camino obscuro había un puente y se pasaba mejor… pero desde que pasamos el puente ya nos habían visto (la policía) porque a los diez minutos ya estaban pasando helicópteros y nos escondimos en el monte, hasta que después llegamos a una planta de gas y ahí nos agarraron”.

Cristina y su madre Isabel fueron separadas y llevadas durante 16 días al Centro de Detención Federal Ursula en Texas, llamada por los inmigrantes “la perrera” donde Cristina sufrió un fuerte ataque de ansiedad.

Cristina y su madre Isabel fueron separadas y llevadas durante 16 días al Centro de Detención Federal Úrsula en Texas, llamada por los inmigrantes como “la perrera”, donde Cristina sufrió un fuerte ataque de ansiedad.

Luego las trasladaron a Yuma, Arizona, al centro de detención tipo carpa, donde finalmente se reunificaron hasta su deportación a la Cuidad de Guatemala.

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Es importante identificar las necesidades de protección internacional de aquellas personas que podrían calificar como refugiadas. Así como brindarles información sobre sus derechos y responsabilidades en los países de tránsito, alternativas para su permanecer y para un retorno seguro.

“Nos botaron nuestra ropa, nos quitaron las cintas de los zapatos, las colas de cabello, y después de limpiarnos nos llamaban piojosas y sarnosas. Era muy humillante todos los días” comenta Isabel.

“Estando en la carpa, uno pierde sus derechos humanos, ahí el baño o una llamada es un privilegio. No te dejan ni dormir tranquila, te despiertan a cada rato por cualquier motivo “agrega Cristina.

Ahora buscan asilo ya que no desean regresar a El Salvador por los peligros que enfrentaban cada día.

*En estas historias utilizamos nombres ficticios para proteger la identidad de las personas entrevistadas.

UNICEF trabaja para salvar la vida de las niñas, niños y adolescentes en Guatemala. Para defender y garantizar el cumplimento de sus derechos.

UNICEF trabaja para salvar la vida de las niñas, niños y adolescentes en Guatemala. Para defender y garantizar el cumplimento de sus derechos.